26/12/08

Es inevitable, ahora siempre lloro
al entrar en cualquier zapatería;
no soporto los zapatos sin dueño,
es algo monstruoso.
Lloro también cuando piso las hojas
que me escupe la acacia cuando paso
y el viento las imanta hacia mi pie;
su crujido es mortal.
Lloro al ver cómo los brazos del niño
planean eufóricos por el parque
mientras las madres sonríen cansadas
con abrazos perfectos.

Es inevitable, ahora siempre lloro
cuando asoma el primer vagón del Metro
y todo el mundo cree dar por sentado
que se va a detener.
Lloro al sacar la libreta de nuevo
y escribir la palabra más estúpida
para este verso tan desangelado:
maldita sea la forma.
Lloro también al cortarme las uñas
de los dedos más tontos de los pies,
porque algunas posturas son ridículas
y me acuerdo de ti.

Es inevitable, ahora siempre lloro
porque no es justo que en inglés no exista
una palabra para el desamor;
y, sobre todo, lloro
porque me he pasado una vida entera
girando como una peonza vieja
zigzagueando sin sentido mapas
de sitios que no existen
y ahora que las paredes me traicionan,
no me siento seguro en este cuerpo;
estas manos que escriben no son mías,
¿cómo no me di cuenta?

Cryin' out that he was framed

5 comentarios:

Jose Zúñiga dijo...

Esto de llorar se va a convertir en una epidemia. Me gusta.

pablo medel dijo...

Es lo que hay, Zuñi.

Begoña dijo...

Pues a mi me encanta llorar......
Por cierto lo que le has contestado a Jose podrias utilizarlo para un nuevo poema, yo ya te lo he leido varias veces

Anónimo dijo...

;___)






(una lágrima perniciosa empapando aquí)

nadja dijo...

El dolor no nos pertenece a veces, ni las manos, ni las ideas. Somos cuenco de otros. Pero las lágrimas sí que son nuestras, sí.

Llora lágrimas de tinta.