18/7/09

No sé qué hora es. Sólo sé que el viento agita las ramas del algarrobo. Y que las lagartijas dibujan recorridos extraños por las paredes. Por lo demás, todo sigue en silencio. Y yo sigo pensando en lo mismo. Como esta tarde, cuando pisé la arena húmeda y una ola tonta me rodeó el tobillo. El sol se iba colocando, a su ritmo, sin prisa. Como aquel estúpido juego de las bolas de cuando éramos pequeños. A mi espalda, kilómetros de arena y de familias. Poco más.

No me gusta cómo huele el mar.

Las lagartijas sacan la lengua y se comen a los mosquitos. Siempre es lo mismo. Y alguien que limpia la arena de una toalla al viento, como una cometa que no quiere volar. Y yo sigo sin saber la hora. Por eso, a veces, me vuelvo loco con los años.

Esta mañana era un viejo gordo tumbado en una hamaca, con la piel abrasada por las arrugas. Por eso el viento sopla a destiempo y arranca las algarrobas mustias, pienso ahora. Porque ahora soy un niño flaco que fuma cigarrillos porque no sabe estar solo. Como esa lagartija que sisea su desencanto por el techo, camino del algarrobo.

Después del sol, ahí abajo, la gente se rocía los hombros con glicerina. Aquí arriba, se bebe uva moscatel y se encienden velas.

Y los mosquitos voladores trazan círculos en el aire.

Ya caerán sobre la mesa.

Ya caerán.

Ya.

2 comentarios:

ella dijo...

Pues esta mañana es más triste hasta que te despiertes.

Aunque pueda hacer trampas y espiar.

Te he leído tan lejos y tan aquí al lado.

Ya ves.


PD: Voy a hacer trampa :)

Anónimo dijo...

Anoche leí esto en el Diario Voluble de Vila-Matas:

"no hay un solo escritor profundo que no haya dicho algo alguna vez sobre las moscas. Ahí tenemos, por ejemplo, a Ludwig Wittgenstein, que escribió en Investigaciones Filosóficas: "¿Qué se propone uno con la filosofía? Enseñar a la mosca a escapar del frasco." Sobre los mosquitos se ha escrito menos..."




De vez en cuando te leo, Pablo. Espero que no pase mucho tiempo hasta que vuelva a verte.
Un beso,

*Reme P.*