30/1/13

[calambur]

Cabalgamos binarios con actitud terciaria.
No recuerdo si el poeta eras tú o el caballo,
ni quién de los dos se perdió en la búsqueda.
No quedó claro quién montaba a quién.
Y así nos movemos: al vaivén de la anonimia
mientras nos hacemos de hierro en los hornos altos:
tragante, crisol, cuba y virtual etalaje
separarán la escoria fundida del arrabio.

Se acerca la lucha de evolución más terrible:
el ejército invisible de los ceros y unos.
Nos roban y destrozan los relojes antiguos
con la muerte trópica de la gran sinestesia.

La historia se radiará en bitácoras de barrio
y niñas que posen ridículas en sus celdas
y amplíen sus diarios visuales de etiquetas
cosidas siempre bajo la tutela de araña
de nuestras tres tristes proyecciones digitales:
yo, aquí y ya es ahora.

Basta con hacer doble clic
para que los puercos saliven al otro mundo.

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