31/1/13

[catacresis]

La catarsis es algo más serio que enseñar la teta en el atril

improvisar la nariz payasa, alzar el cuello de la botella
y vomitar el misterio órfico a la boca del 58
en plena hubris aristotélica buscando el momento de explosión.

No se entienden los pasos del baile ni la antigua danza escatológica
que se oculta tras los antifaces y elásticas caretas de goma
de los falsos falos de la noche que te aplauden la erección más ebria
entre las sonrisas de cloaca y las musas que mean de pie.
 


No vale con declamar el verso con la retahíla de artificio 

del baile de dragones de luz en busca del aplauso más fácil 
que marca líneas fronterizas donde nunca pisaría nadie; 
saltará la cabeza polifema donde esté la cabeza del río. 

Y si arrancáis hojas de los libros y lanzáis aviones en directo 
se calmarán los niños satíricos y entonarán el grito aprendido, 
pero cuando se apague la imagen, volverá la rutina terrible 
de no haberos movido del sitio a pesar del zarandeo amable. 

El caos nos seduce si se induce, pero sí que nos crea y transforma 
y agota, a pesar de la luz buena: vuestra pantomima transparente, 
la abreacción de los verbos duros y las emociones extrañísimas.
Por favor, apagad los micrófonos; el terror nace de más arriba.

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