2/2/13

[cosificación]

El gong de la oxidada democracia marca el pistoletazo de salida.
Los políticos se quitan las batas, se muerden los protectores de boca,
se saludan con sus guantes de cuerda y recitan la consigna partida.

Y el cacareo marcial continúa       su gran coda de vítores.
 
Sus perfiles de monedas romanas se han colocado de canto y se escrutan.
El de los calzones rojos arranca con un gancho de izquierda improvisado
y el de azul satinado se defiende con un extraño baile de tobillos.

Y mientras siga habiendo militantes       la lidia será eterna.

El contrincante que no estaba en guardia, al estirar su brazo herrumbroso
rompe con un directo la mandíbula, y ahora se desploma en el cuadrilátero
la carnaza grasienta y dolorosa ante el obvio regocijo absentista.

Y tras el baile de tubos de ensayo       se vota el nuevo asalto.

Llega el puño ascendente con la furia de un fantasma que recorre la lona.
El boxeador diestro, contra las cuerdas, con cansancio de vaina desgajada.
Pero el árbitro aún no aplica el conteo e improvisa un jab con otro cruzado.

Y así repican las piedras prehistóricas       impacientes de fuego.

Los árboles de brazos no se parten si no se altera la ley de la inercia
y los cráneos de mica sudorosos reciben la somanta espantosa
ante el placer animal periodístico que agita sus pulgares desde el palco.

Y las tarjetas de los jueces nulos       no nos quieren dar treguas.

La refriega imparable de cuchillos debe prolongarse ad infinitum;
el clamor de gimnasio dicotómico necesita el combate interminable
con la falsa esperanza del nocaut que por definición está prohibido.

Y los dos cobardes de las esquinas       no tiran sus toallas.

No hay comentarios: