6/2/13

[epítetos]

Las aulas vacías se han llenado
de niñas
que ahora son profesoras.
Las pizarras de piedras oscuras
ahora
son grandes pantallas blancas
donde programas ministeriales
escupen
su memoria de azul.


Retened y recordad los datos
de nuestro pasado más pretérito
y os daremos hojas de cuadrícula
y que barriten los elefantes.


¡Y que viva el utilitarismo:
el alimento de los alumnos!


Llenarán vuestros pupitres verdes
de magníficos libros de texto
para que tengáis claras las fechas,
pero solo las más importantes:
generación del 98
y haced el esquema del 14,
27, 36, 50
s
ed fugit interea
fugit irreparabile tempus.
Gajes de la evaluación continua.   

Pero ya nunca cundirá el pánico;
os dirán los libros obligados
y el resto, cañones extremeños
y cientos de veleros por banda.


Y sabed de memoria las vidas
de escritores que no habéis leído:
Juan Ramón será el mejor solípedo.
Rubén es un cisne pulcro y blanco.
Gustavo, la oscura golondrina.
Luis y su cuerpo paseriforme.

Y el de 1616,
Miguel, un caballo complutense,
siempre has de tenerlo en cuenta. 

¿Y qué hay más allá de las fronteras?
Está Poe, el pájaro carnívoro.
Pero ese no entrará en el examen.


Y el bestiario animal
de cuadernos
debía
serviros para notas y aviones.


¡Y que viva el siglo XIX
y su ridícula burguesía!


Resumid en hojas apaisadas
con los subrayados fluorescentes
y cuidad bien la caligrafía:
así tendréis trabajos bonitos.


Los sobresalientes merecidos
para los niños de la memoria.


Escuchad a los locos que tienen
los diplomas de firmas y títulos;
supieron salir de las cavernas.
Héroes
que quemaron las ideas
y se tumbaron en los sofás

ikeanos, tan modernos y líquidos.

Y televisiones telepáticas
con 25hz corrientes
les enseñarán cómo es la vida
con la muerte de los 24
fotogramas de luz por segundo.


Por más vueltas que den,
los bellísimos hiperactivos
suspenderán siempre de por vida
en la eternidad del deficiente.


Gaudeamos igitur,

lo único que nos queda.

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