10/2/13

 

[gradación]

¿Cómo romper las reglas si ya no quedan reglas?
Si damos marcha atrás, al menos entenderemos
hacia dónde dirigir nuestro corte de mangas.


Siempre imaginé que en aquella época
contabas los años y era cuestión de semanas
encontrar los días y saber marcar la hora
para que en el minuto preciso se trazara
el segundo más mágico.


Antes de la fecha desgastada, la vanguardia 
exprimió el juego al límite 
y los viejos del 98 sonrieron
desde el pasado de un país gris y dividido
pero salvado por el vuelo de Nicaragua. 
Nuestra América supo poner patas arriba
la visión naturalista, sin fe en el Parnaso. 
Y el realismo pudo descender de las montañas
donde los románticos suicidas esperaban
la subida de los ilustrados insensibles,
pero necesarios tras el oro tan pedante
que encontró la sombra en la blancura más humana
que había iluminado a todos los caballeros
de los roqueros siglos de jarchas y cantares.

Ahora piso la tierra rara del XXI
y los cuellos no giran; han sido aleccionados. 
 

El siglo XX terminó en el 45,
o quizá fue con la generación del 50.
¿O fue tras el discurso de posmodernidad,
con el humo setentero del ácido,
cuando el terrorismo lírico puso la bomba
en la línea del tiempo?  

La insignificancia 
de mis manos, 
del papel,
de la habitación, 
del edificio, 
de la calle,
de mi ciudad rota, 
de mi país de mentiras
solo consiguen enfocar la imagen más triste:
las puertas de la experiencia o de lo cotidiano
separadas por un muro de vergüenza plástica.
Y llegaron los ochenta y el fundido a negro
que fue cuando crecí.

El desenfoque sucio de este presente malo
a punto estuvo de arrancarme el ojo
con la valiente cobardía edípica:
ni en la fila de muertos
ni entre la de los vivos.

Quizá la solución 
sea invertirnos los grados;
la salida no está 
en esta patada,
ni en el aire en el pecho, 
ni en el puño,
ni en el grito de rabia, 
ni en el cielo. 

Nos haremos grandes
desde el silencio
porque en noches azarosas
hemos descubierto
que desaparecerá,
poco a poco,
sin que nos demos cuenta. 

Si cierro los ojos, 
puedo escuchar
todos y cada uno 
de los dedos valientes,
que esperando en la sombra, 
lentos, están tocando
pianisísimo,
   pianísimo
      y ya toca
         piano. 

2 comentarios:

d dijo...

Joder! Esto merecería otro medio siglo de conversación gradada o degradada. Lo lei primero desde la cama, ligeramente desvelado de madrugada. Luego, ya despierto, con el café. Y ahora lo sigo leyendo... No sé si no tengo palabras o si tengo tantas que me da pereza (y miedo de que se me borre todo).
En fin. Diré que esto que estás haciendo me parece importante, significativo y muy valioso. Y que esta enciclopedia poética creo que dice mucho del rumbo hacia el que va nuestra lírica. Mucho ánimo y adelante. Por cierto, ¿qué pasa con la novela? ¿Va a salir en algún sitio? Un abrazo,
Dani

pablo medel dijo...



Pues nada. Habrá que ahorrar y repetir visita a las Américas. Me tranquiliza mucho darme cuenta de que no estamos solos. En serio. Es importante.

Lo del librito ahí está, en manos de la agencia. La segunda está en revisión y, sin tenerlo planeado, en vez de parar he vuelto a la poesía y, te juro, que no puedo parar. Ya te lo enseñaré completo; aquí solo está una parte y faltan las reflexiones sueltas, letra a letra. Cuando llegue a la zeta no solo pondré el punto y final a esta búsqueda (a ver adónde me lleva), sino que cerraré un círculo bonito para mí: es el nombre del personaje de mi primera novela.