11/2/13

[hipálage]

Las manos de nicotina se lían los cigarrillos
y la cerveza más fría sobre la barra de espuma.
Los políticos de turno hacen trucos de chamán
dentro de la gran pantalla que cuelga de las cavernas.
Y los cuellos periodísticos estiran su indignación
y blasfeman todos juntos a los tipos del florete.

El tenor, que ahora es mujer, improvisa una coplilla
y los clïentes aplauden la melodía burlesca:
llega el humor necesario de la caterva pagana
que hoy se siente más católica destapando chascarrillos
con risa de botellines que desfilan desplumados
sobre las manos cansadas de levantar las pancartas. 

No cuentan las profesiones. Eso ya no importa aquí;
todos se sienten simpáticos con la chirigota unida

que maldice el tema estrella de la noche más corrupta;
las calles carnavalescas, con resaca de disfraz
han llenado de confeti las basuras serpentinas
y han dejado sus pintadas de anonimia de color.

La indignación ahora es otra. Se mastica en el ambiente;

se echa en falta el desparpajo gaditando de piñatas,
la multitud extremeña de serranas de la Vera,

la bacanal de las islas con sus bailes brasileños,
los timbales de payeses, el carruaje de mecos
y el desfile belsetán de las trangas y amontatos.


Mariano y José Luis, José María y Felipe
una vez la poesía se nombraba en vuestros nombres.
Ahora sois protagonistas del ardor más popular. 

Cultura posmedieval para la crisis más líquida
que se lidia con las chanzas de la catarsis más justa
¡y que viva el octosílabo de la España más cañí!

En Madrid no es necesaria la catarsis de Dionisio;
siempre fuimos capital de aquel vuelta usted mañana.

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