15/2/13

[isosilabismo]

Lo confieso: yo nunca estudié letras
y tampoco serví para los números,
solo intenté amar a las palabras
con la feliz torpeza del curioso
que más allá de la piel y la sangre
escuchaba rumores de fonemas
en el músculo, inquieto como un puño.
Y en cada latido: y en cada arritmia
sentí la inconfesable voz secreta
de una circulación posible y limpia
que empujase la inercia de mis dedos. 


Si al caminar cojeo sin querer
me salen silvas libres,
y aunque en la noche me tira el tempo afrancesado,
siempre me para el número estrella
y la inercia popular
detiene la música
y la vuelve a reanudar

cuando llega el extraño mes de octubre
y las caléndulas florecen su hispanidad.
Entonces me doy cuenta:

ser español es ser endecasílabo.

Lo confieso: escandí versos con manos
y marqué los compases con los pies
pero jamás encontraba mi voz,
perdida ya en la forma más diabólica.
Y al admirar la creación humana
de madres y padres llenos de amor,
las rodillas me llevaron al suelo
y me liberé de la trascendencia;
respeté ese delicado silencio
que me abrió las puertas de este otro mundo
donde la palabra nos encontró.

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