16/3/13

[metalepsis]

Sé que no me oís, porque ya no estáis
pero había que subir o bajar
-aún no lo tengo claro-
para hacer la pregunta que quedó
suspendida en el tiempo.

Siento,
siento haberos querido tanto
y no,
y no haberlo escrito entonces.

La piel, el pulmón y la lejanía
os llevó por delante
y yo seguí sin vosotros en la búsqueda
de ese hueco imposible.

El río y la prisa de esta ciudad
desvió el ritmo bonito y me fui
a otros sitios raros mientras el pelo
sigue cayendo,
lento,
cada día.
Y si llega el invierno,
recuerdo los grados de cada verso
y de cómo el amor grande explotó
en estas manos, llenas de palabras
de persona ya grande.

Mi balanza de salud siempre fue
esta puerta y si me faltaban libros
tocaba cama y fiebre.
Luego llegó la música
de lira americana
y dejé de escuchar:
la cápsula ansiolítica
anestesió la sangre sinestésica
y ya no tuve nada que tocar;
la química hizo morir a la diégesis,
pero tú me salvaste.

Sé que no me oís, porque yo os escucho
y mis dedos os recuerdan y os quieren,
os quisieron y os habrían querido
más de lo que imaginas
si ayer fuese ahora mismo.

Ojalá pudierais leer el verso
real, sin trampa, el único que vale.
Quizá algún día pueda...

Sí que oímos. Escucha:
aquí, sí que te oímos.

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