8/11/15

 Les dejo aquí un amago de etopeya que escribí poco antes de venir a La Morada, pero que ahora cobra un sentido nuevo. Aquí estamos, Federico!




Federico de Granada, Madrid
moldeó el grito verde, residente
y el puñetazo métrico
hizo que estallaran todos los ojos
más solitarios y reprimidos de grandeza:
el inconformista de raíces que jugó
con palabras justas en un país de romanos. 
Y llegó el silencio inmortal
de la opaca mirada del castaño más triste.
¿Qué pensaban tus ojos de madera
donde se rasgaban las seis gitanas
bajo este brillo andaluz de la luna de sangre? 
Y se transformó el arte menor de tus romances
en martillo popular de música electrónica.
Federico de Cuba,
buscando el lado bueno,
ocultabas el complejo guiñol de verrugas
en fotos, con el secreto mudra de tu mano
escuchando las teclas sostenidas de Harlem.
Y el verso fue versículo
y el oro secular se hizo de plata. 
En tus pupilas de agua supimos entender
la desolación de los rascacielos
a los que siguen subiendo suicidas
bajo el tráfico de zapateo mal pisado:
punta, planta, tacón y golpe, golpe.
Flagelado en el monte del cráneo,
nadie pudo llorarte,
sólo el maestro y los banderilleros
que compartieron tu crucifixión.
A ti tampoco te conoció nadie,
rey de los marginados. 
Tu visión de mariposa maléfica
te hizo ver este futuro innombrable
que ahora muerde caderas
y nos deja de rodillas, con sangre de clavos,
en espera de que vuelvas... porque volverás,
Federico de México.

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