6/12/15

Amaneciendo en la catedral de Guadalajara, Jalisco.
Locura de estilos, dentro y fuera: morisco, neoclásico, gótico y barroco.
Pues sí. He estado cuatro días en Guadalajara. Y, con permiso de los alcarreños del país donde nací, confirmo que la capital de Jalisco es espectacular; por algo se la conoce como la Perla de Occidente.
Los amigos tapatíos reciben esta semana, como bien saben/sabéis, la feria literaria más importante del mundo. Y ahí hemos estado, que no se diga: bastante calor, mucho tráfico para llegar, locura de ir de un sitio a otro y, con permiso de mi libro electrónico y de mi idea de no tener casi equipaje, volví con bastantes kilos de más... en la maleta. La culpa la tienen una novelita de Filloy, unos ensayos de Paz, Rancière y Cracq, un poemario de Revueltas, la antología total de Pacheco, un poquito de Bachelard y lo único actual: la novela de Iknomou sobre la crisis griega. Pero sobre todo, la alegría máxima (y emoción merecida) fue encontrarme simbólicamente con mi papá/padre. Para mí, el libro más esperado de la FIL. Cuánto se le echa de menos, la verdad. Pero, a la vez, cuánto me está acompañando en este viaje. ¡Acá/aquí estamos!
Lo mejor de la FIL. Avenida Alemania. Moderna (Guadalajara, Jal.)
Apenas tuve tiempo para conocer la ciudad, pero la ventaja de tener el hotel en la céntrica Juárez es haber podido pasear un ratito por la segunda megalópolis mexicana. En mi visita fugaz vi la mastodóntica fachada renacentista de la catedral (que, por cierto, tenía un lienzo muy Murillo, que resultó ser de Murillo); el palacio de Gobierno y sus jardines; los tradicionales paseos en calandrias; el Teatro Degollado con la omnipresencia de Hidalgo, el héroe local/nacional; la famosa Plaza de los Mariachis y algunas calles por las que me dejé felizmente llevar por el Barrio de San Juan de Dios. 

Típico paseo en calandria en pleno centro
Street Art en Lupita Cantina
Plaza de los Mariachis en el Barrio de San Juan de Dios. 
Y sí, se supone que por la noche se llena de gente
Callejón en el Barrio de San Juan de Dios
Y no, no probé las tortas ahogadas, pero sí el tequila (es tan suave que no parece tequila) y algo de marisco, entre otros, los tacos de camarón y aguachiles, que a mi estómago no le sentaron muy bien, todo sea dicho. De ahí que no haya probado más platillos típicos. 
Pues eso. 
Ya, ya sé que es muy típica, pero es impresionante la contaminación... 
y lo monstruosamente gigantesco que es el DF. 
Todavía quedaba media hora para aterrizar.
Rumbo al aeropuerto de Guadalajara tras el imponente desfile de agaves azules (sí, los del tequila), vuelta a la capital en un hora (madre mía lo gigante/interminable que es el DF desde el avión, mientras aterrizas), camión/bus de Estrella Roja a Puebla (tres horas, por el tráfico y las lluvias) y de vuelta a Puebla. 
Aún no sé qué haré más adelante (apenas tengo días libres), pero todo se verá. Lo digo porque la idea, ya que estoy por estas tierras, es intentar conocer más sitios. Y sí, mi objetivo navideño apunta a la Rivera Maya. O a Oaxaca. Según. No creo que pueda moverme. O sí. No sé. Si no, siempre podré hacerme una escapadita familiar a Los Ángeles. Tiempo al tiempo.
Abrazos, besos… y espero que se vote con ganas en España, que los obstáculos y trampas burocráticas de ambos países nos han dejado a muchos (muchos) sin poder participar. 

Hidalgo y Costilla rompiendo las cadenas 
de la esclavitud en la Plaza de la Liberación


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