23/12/15

Se acercan las fechas navideñas y, contra todo pronóstico, tendré unos días de vacaciones, así que podré continuar con mis escapadas por México: todo apunta al suroeste. Mientras, aproveché este fin de semana para pasear por la Plazuela de los Sapos y conocer el Parián. 
Se acercan las fechas navideñas y, contra todo pronóstico, tendré unos días de vacaciones, así que podré continuar con mis escapadas por México: todo apunta al sudoeste. Mientras, aproveché este fin de semana para pasear por la Plazuela de los Sapos y conocer el Parián.
Lo de la plaza anfibia se debe a que hace mucho tiempo el río San Francisco inundó el callejón de la 6 sur y aquello se llenó, obviamente, de batracios desorientados. Hoy en día, es el tianguis más popular de esta ciudad: quincalla esparcida por el suelo, numismática, libros de viejo y de ocasión, vinilos (aquí, vinil) y, sobre todo, la famosa talavera poblana. A diferencia de la cerámica toledana, aquí la mayólica malva (al parecer) mezcla técnicas chinas e indígenas… aprendidas gracias a un alfarero manchego que en el siglo XVI se le ocurrió compartir los trucos que, a su vez, había aprendido en Italia. De loza sé poco, pero el dato me interesa. ¡Viva la mezcla!
La callecita en cuestión es curiosa; al estilo del Rastro madrileño, salvo que mucho más reducida… Y, porque el olor a maíz o los avisos de la chalupera de la esquina te recuerdan dónde estás, porque si no, parece que vas a toparte con un chulapo barquillero (de esos que te saludan levantándose la visera de su parpusa gris) mientras uno va feliz a por su bocata de calamares de la Plaza Mayor. (Ojo al momento nostálgico de mi antiguo barrio con ramalazo madrileñísimo incluido. Y sí, hasta el complemento de régimen "ir a por algo" me da que es muy español. Luego lo medito.)
Seguimos. Muy cerquita, en la 6 Norte, uno llega al Parián: el primer mercado (en filipino, "parián") de artesanía de Puebla. De origen finisecular (pero del XIX), si no me equivoco. Y lo que más llama la atención (salta a la vista) es el coloridísimo suelo de piedra que te invita a entrar. Son más de cien casetas decoradas con ladrillo y azulejos de Talavera con sus miles de sarapes, rebozos, chamarras, manteles, huaraches, artesanías de cobre, calaveritas, máscaras de lucha libre, juguetes mexicanos, joyas, los dibujos en el famoso papel amate y todo tipo de dulces poblanos y recuerdos varios.
Mañana de domingo tranquila y perfecta para concluir con un café en el bohemio Barrio del Artista. Toca, no sólo hacer recuento de lo comprado, sino planear bien el fin de este año y organizar la entrada del que viene que, por gajes del azar, lo seguiré empezando en una ciudad distinta: Nueva York, Praga, Berlín, Dublín, París, Lisboa, Madrid… y ahora, Puebla. Bueno, algo me da que, más que en Puebla, 2016 tiene toda la pinta de dar su pistoletazo de salida (al menos, para mí) en alguna playa oaxaqueña. Tiempo al tiempo.










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