8/12/15

Seguimos en mi búsqueda de los llamados 'pueblos mágicos'. Si no me equivoco, en Puebla hay nueve: Cholula (ya visto), Cuetazlan, Zacatlán, Chignahuapan, Pauhatlán, Huauchinango, Tlatlauquitepec, Xicotepec y Atlixco. Y sí, allí pasé el domingo. (Dos de nueve. Poco a poco).
Bajo la impresionante fumarola del Popo, en media hora se llega por la autopista al lugar donde se celebra el conocido festival del Huey Atlixcátol. Plan sencillo: bajada por las callecitas del cerro de San Miguel (Macuilxochitepc, para ser más exactos: el cerro de las cinco flores), parada técnica frente a la fuente de Macuilxóchitl, cruce por la circunvalación Tláloc (el dios del agua) y llegada al zócalo, donde se erige la capilla del Sagrario y un descomunal árbol de aguacate que, al parecer, llegaron a secuestrar en el pasado.
En mi línea de hacer cosas típicas, comí un plato de cecina atlixquense (muy rica, sí) y, tras husmear por las salas del colorido convento franciscano, descubrí cientos de piñatas en el patio del Palacio Municipal: las asociaba con los cumpleaños, pero en diciembre se usan para las posadas navideñas… la diferencia es que aquí están hechas y vendidas por reclusos.
Mientras anochecía, la visita obligada al vivero entre las miles de nochebuenas locales (están por todos los sitios), me lleva de vuelta al cerro de San Miguel para contemplar un atardecer único sentado en las escalinatas del mirador. Y sí, aquí el cielo se ve de otra forma: más colorido, más redondo… y más cercano. Es extraño. Pero es así. Mientras, en el centro, el pueblecito entero se llena de gente (oriundos y turistas) y prepara su festín de luces: la famosa villa iluminada.
Vuelta a casa por la carretera federal/regional y reflexión obligada. Más allá del sello turístico de 'pueblo mágico', sí que es cierto que México, a diferencia de Europa, no es tan racional. No sólo por sus paisajes, sus costumbres, sus contrastes o su concepción del espacio y el tiempo tan extraña, sino por algo que (poco a poco) voy descubriendo e intentando asimilar: la realidad (tal y como pensaba que era) aquí es diferente; no es una sola. Y es cambiante.
Rediseñar el paradigma mental es un ejercicio muy interesante. Y difícil, claro está. Creo que voy a volver a leer a los amigos del realismo mágico, a ver si me echan un cable con este pequeño lío conceptual.
Abrazos, besos… y feliz mañana/tarde/noche.











No hay comentarios: