5/10/16

Hay días en los que la lluvia parece darnos una tregua y el atardecer se alarga más de lo previsto. Tanto para despejar ideas como para que lleguen las nuevas, estos momentos son maravillosos para olvidarse de todo y deambular pacíficamente por las calles. A las pocas pisadas, los grandes problemas se diluyen: los malabares laborales de cada semana, el dichoso dinero que nunca llega, la locura política transoceánica… hasta te libras sin querer del bombardeo de chatarra digital con la que nos autoflagelamos (nadie sabe bien por qué) cada día. Ayuda, claro está, tener un celular medio roto y, sobre todo, no llevarlo encima durante el paseo.

Vuelta  la infancia. Texto íntegro en Planisferio.

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