29/10/16

Y, a veces, me levanto 
y, al tiraventar la cobijamanta al pisosuelo,
veowacheo a chapulinesaltamontes
que les lateapetece platiconversar conmigo.
¡Qué guacalasco! ¿Netaenserio? ¿No jodasmames? 
Pues anda que tú, le dijo la sartencomal a la ollacazo.
¿Qué ondapasa? Aquí durmiendoechándonos una coyotitosiesta
así que no nos armehagas un panchoberrinche, ¡güeymacho!
Me levantoparo de un saltoaventón algo chuecotorcido,
y me lanzovoy al aseobaño; hay que bañarducharse
para que no te chillacante la ardillasobaco.
Luegodespués, del ganchopercha del closetarmario
jalocojo mi sacochaqueta y me pongocalzo mis teniszapatillas
(sí, las chidasmolonas que dan el pegogatazo)
pero no me abrochoamarro bien las agujetacordones
y, como era de esperar, me pegodoy un hostiarranazo.
Desayuno un zumojugo de higotuna, sin pajitapopote,
y me pellizco mis cachetemejillas güeroblancas, obvioclaro;
esto no está padrebién, ¿pero qué pedopasa hoy en mi depapiso?
En ésas llaman a mi cutrechafa de celmóvil y lo cojoagarro.
Me tronocrujo los dedos y prendoenciendo la compuportátil.
¿Buenodiga?, ¿Me platicahablas en mexpañol o en espaxicano?
¡Ay, qué huevapereza; además, tengo un chingomogollón de currochamba!
Y, al ponerme los audifonocascos, escucho: Estás bien mensotonto, Pablo.

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